Por: Bal Urrieta
i
hay algo en el olvido
—sin querer,
quizá—
que nos hace temblar
también hay cosas
—de otros—
que con sus manos
sostienen el pasado,
o lo que fue
un día
un
país
ii
pensar
en lo que debimos
haber sido,
en todo lo que
algún día
debió
ser nuestro
iii
todos nuestros tambores,
todas nuestras danzas,
todas nuestras arrugas,
todo aquello que
un día
fue nuestro,
pero solo
heredamos el temor
y algunas otras
cosas
pegadas al cuerpo
como
una enfermedad
colectiva
que no mata,
pero borra.
una fiebre lenta
que nos
hace
olvidar
iv
los chimbuceros de rosales
son también
los chimbuceros de cacha
y viceversa
lo que no podrá la memoria
el cine lo dejará
con una imagen
prendida con un alfiler
en la montaña
pero quizá ya a nadie
le importe
no puedo evitar preguntarme
qué hay en quienes
buscan en el olvido
las pertenencias
perdidas
v
qué hay en esas manos
que golpean el ritmo
como si quisieran decirnos
que el dolor
no es generacional,
aunque nosotros
hayamos aprendido
a creer que sí.
vi
tal vez lo único heredado
no sea el miedo
sino las raíces,
pero incluso ellas
parecen extraviadas,
porque quisimos irnos lejos
o porque el país,
invadido de olvido,
nos empujó.


