Fuego: la palabra inicial. Así comienza una exploración visual y narrativa que se expande hacia problemáticas sociales y personales; se abre camino hacia un estallido y una fisura con la que ha estado lidiando Chile por mucho tiempo. El estilo y la forma del ensayo documental están llenos de una libertad creativa, alejada de las formas audiovisuales tradicionales de la academia, y eso lo hace único.
Adentrándonos en la narrativa que nos da Amaya Samper, (Perro Feo), en Mucho por limpiar, debemos mencionar la palabra inicial: fuego, una alegoría destinada a sus distintas interpretaciones y significados. Para ello surge la exploración individual: ¿qué es el fuego para nosotros?, ¿qué representa? Una de las formas con las que comienza la película es la sexual: el placer y el erotismo que se desenvuelven y nos incitan a preguntarnos si nuestro primer estallido es el personal, así como lo representa la directora relacionándolo con su orgasmo.

Estas alegorías van cambiando y adquiriendo nuevos significados. Por ello es importante resaltar a los personajes que intervienen en la película y los acontecimientos que nos narran. Aunque no tenemos nombres específicos, representan a la sociedad actual, no solo de Chile sino también de Latinoamérica. En ellos recae el relato de experiencias en las que la injusticia, la discriminación y el olvido por parte de una sociedad más individualista conducen a una represión, y aquí es donde nace el fuego.
En su entrevista con el escritor Daniel Malpartida comprendemos el dinamismo en el que recae la palabra fuego y cómo sus interpretaciones se ajustan tanto a la vivencia colectiva y social como a la personal. Allí, en esa amplia alegoría, recae el levantamiento del pueblo chileno frente a las políticas de un gobierno y a las desigualdades sociales, así como la violencia que ejerce la policía contra el pueblo. El 18 de octubre de 2019, el pueblo chileno se levantó con fuego y, con ello, la protesta masiva se mantuvo viva hasta alcanzar un cambio.
El fuego dentro de la película no solo aparece como destrucción o violencia, sino también como transformación. En medio del caos y la protesta, la directora encuentra imágenes íntimas y humanas que convierten al ensayo documental en una experiencia de memoria colectiva. La cámara no busca únicamente registrar los hechos, sino transmitir emociones, cuerpos y miradas que permanecen marcadas por el estallido social. De esta manera, el fuego adquiere otra forma, se convierte también en resistencia, en permanencia y en una forma de reconstrucción frente al dolor.

Por eso la poesía es un ente narrativo que nutre la imagen y nos da, a nosotros como público, una perspectiva de vivencia propia. Es allí donde la imagen y la voz en off nos invitan a unirnos a una reflexión desde las perspectivas que tiene la directora frente al caos, frente a la vida, exponiendo una realidad que involucra tanto a la juventud como a la vejez en un país que ha luchado y seguirá luchando por su igualdad y libertad.