Una voz baja

Escrito por Paola Espinoza

Conocí a Cristina Mancero hace algunos años en un taller de cine. Lo primero que llamó mi atención fue su voz. Hablaba muy bajo y, para escucharla, inevitablemente, todas teníamos que guardar silencio. Luego, hablando con ella, nos contó que había tenido un problema con una de sus cuerdas vocales y que ese era ahora su tono de voz. En una de esas conversaciones nos compartió un trabajo que había realizado años atrás: el cortometraje Sin título.

En este ensayo documental, Cristina vuelve sobre su tiempo como estudiante en Chile: caminatas por Santiago, recorridos sin destino claro, fragmentos de una vida que se arma mientras avanza. Ella misma dice en el documental que su voz es “baja e imperceptible”, algo que nunca le ha gustado del todo. Pero quizás es justamente ahí donde aparece la fuerza del cortometraje. 

La película avanza como si estuviera pensando en voz baja, deteniéndose en detalles que a primera vista parecen insignificantes: una calle cualquiera, una conversación, un gesto que pasa rápido. Tal vez por eso decide tomar la cámara en mano y salir a caminar. Algo más que menciona Cristina es que ella descubrió que escribe como habla, y algo de esa forma de decir las cosas —suave, sin imponerse— parece trasladarse a su manera de filmar. 

En medio de esos recorridos aparecen también otros fragmentos de su vida: su hermano, sus sobrinxs, las mujeres feministas con quienes ha compartido casa, algún desamor; no como grandes confesiones, sino como pequeñas huellas que van dibujando el mapa íntimo de alguien que habita una ciudad que todavía le resulta extraña. 

Hay algo de soledad en esas imágenes, pero también de búsqueda. En Sin título aparece la pregunta de cómo empezar la película, cómo terminarla, qué significa realmente filmar la propia vida. Esa duda no se esconde; al contrario, se vuelve esencia del filme. Y es justamente en ese gesto donde el cortometraje se siente honesto: un trabajo sin pretensiones que, por lo mismo, logra acercarnos con claridad a la mirada de quien lo hace. 

No es casual que la película forme parte de la categoría Pulsaciones de voz dentro de la primera edición del Festival Desde Las Vísceras, y cuya curaduría está dedicada a la voz de cineastas ecuatorianas. En un panorama donde muchas veces el cine busca hacerse escuchar a gritos, trabajos como el de Cristina recuerdan que también las voces más bajas pueden abrir espacio. 

Y a veces, justamente por eso, son las que más permanecen.