Veo una primera imagen, una enorme piedra rosada y una mujer recostada encima; o más bien, mientras escribo esto recuerdo una enorme piedra rosada y una mujer recostada encima. Recuerdo una conversación en un quirófano donde no se ve ningún otro rostro más que el de la protagonista, Rosa. Recuerdo un conteo regresivo que se sentía como un posible despegue espacial. Recuerdo que al hacerle el RM la doctora le pidió que pensara en una memoria feliz a Rosa, y que ahí empezó la película.
Pero estaría hablando de otra película si solamente hablo de la memoria, porque si bien aquel RM es una especie de magdalena que despierta todos los recuerdos del cuerpo, hay algo más a lo que se acerca la directora Janaína Marques Ribeiro en su obra.
En primera instancia, Fiz um foguete imaginando que você vinha (2026) es la historia de Rosa, quien, durante un RM, comienza a recordar su pasado con su madre, y al mismo tiempo a imaginarse un roadtrip junto con ella, escapando de la policía, de la ley, y de los malos recuerdos. Pero es evidente que esto no es solo un cuento sobre la potencia de la memoria, sino un relato sobre las infinitudes de la ficción. Por ello el título enmarca esta palabra tan fuerte que es “imaginando”, inventarse aquello que nos falta.
Rosa no solo recuerda el aparatoso transporte de hotdog, sino que lo reinventa para imaginarse con su madre en él. No recuerda un simple cuarto de hotel, lo reinventa para llenarlo de sus vecinos y de un karaoke con su madre. No recuerda el origen de las manchas rojas de un baño, pero se inventa que son por el tinte para el pelo que usa con Dalva. Rosa no pretende únicamente quedarse en su memoria, porque los recuerdos a veces duelen y no alcanzan para un duelo, por ello busca imaginarse un reencuentro, una conversación y una despedida con aquella madre que le cuesta tanto tener en un recuerdo feliz.
Siendo Rosa una creadora que, si de niña se inventaba un viaje espacial, ahora con un duelo encima se inventa un viaje con su madre. Y es en este acto de ficción donde todo funciona distinto, como si Rosa estuviese jugando de nuevo. Quizá por eso las luces del hotel y la cuadra parecen intensas acuarelas regadas, o los personajes parecen muñecos sueltos cuando están no haciendo nada, o tener que hacer que un vecino tenga dos personajes porque ya no tienes otro cuerpo para darle otro rol, o hacer que la lluvia caiga únicamente en la madre y la hija porque son quienes están por llorar en ese momento.

Esta infancia recobrada de Rosa le permite imaginarse una despedida con su madre; es un adiós que parecía casi nunca llegar y que solo por aquella infinitud de la ficción ha podido ser posible esta vez. Ahora pienso la razón de que, casi al final de la película, cuando vemos a una pequeña Rosa subiéndose en un cohete espacial fingiendo que va al espacio, ya todo sea evidentemente falso y acartonado; y es que quizá, después de haber imaginado un viaje imposible con una madre extrañada a través de personas y casas pasadas, ya un viaje espacial quedaría como algo muy sencillo en comparación.
Fiz um foguete imaginando que você vinha es un abrazo a la ficción, una palmada al recuerdo y un encaramiento al duelo. Es comprender que la ficción puede reconciliarnos con el recuerdo, y viceversa.
¿Será que recordé la imagen inicial? ¿o la inventé?
¿Será que era una mujer encima de una enorme piedra rosada? ¿O una enorme mujer rosada encima de una piedra? ¿Había una piedra acaso? ¿Había algo rosado acaso?
Escrito durante el festival Olhar de Cinema, en Curitiba, Brasil.